Triple frontera de Brasil, Colombia, Perú
Río Amazonas
Mes de las Misiones
“Uno en Cristo, unidos en la misión” (Papa León XIV)
“María de Nazaré…Enséñanos a leer la Vida – leyendo a Dios, leyéndonos-
como la iban descubriendo tus ojos, tus manos, tus dolores, tu esperanza.”
(Obispo Pedro Casaldáliga, CMF)
Querida comunidad parroquial de San Ignacio, amigas y amigos:
Este agosto 2026 se cumplieron diez años desde que fui enviada por ustedes, la Parroquia San Ignacio, a la misión en la Amazonia junto al Equipo Itinerante. Al ir aprendiendo a “leer la Vida”, como María, me vienen imágenes que me hablan de qué va significando la misión para mí.
Tres meses después de haber llegado aquí, quise escribirle a mi familia para contarles qué hacía. Era difícil para mí decirles porque cuando iba a las comunidades, no entendía nada: ni portugués ni las lenguas que hablaban. Ellos me decían que hablaba “enrolado” (enredado) y yo pensaba que ellos también.
Mientras las señoras estaban alrededor del fuego cocinando, se reían. Yo me preguntaba: “¿De qué se ríen? ¿De mí o conmigo? ¿Debo reírme también con ellas?” Al final, la carta a mi familia se resumió en una sola frase: “YO ESTOY”.

Guyana: después de cruzar el río…
Unos años después, en Guyana, iba camino a una comunidad para un encuentro de formación de jóvenes junto con un padre jesuita y dos jóvenes que estaban en etapa de formación y venían a tener una experiencia misionera. Para llegar, viajábamos en carro, pero en algunos tramos el carro debía cruzar el río pasando sobre piedras.
Todo iba bastante bien hasta que una goma quedó atascada en una roca, en medio del río, y el carro se viró hacia un lado. Yo estaba nerviosa, y, por eso mismo, con ganas de reír. Pero uno de los compañeros en formación, agarrado al asiento y algo desesperado, gritó: “¡No fui formado para esto!”
Sus palabras, hasta hoy y especialmente en este Mes de las Misiones, siguen resonando en mí. Poco a poco, voy comprendiendo que no se refieren únicamente a aquel momento ni a la misión en la Amazonia. En el fondo, hablan de la vida misma, porque no fui, no fuimos formados para atravesar la incertidumbre; para enfrentar la enfermedad o la muerte de un ser querido; para cuidar de quienes dependen de nosotros; para lidiar con los problemas de un hijo; para convivir con las diferencias, los desencuentros y las tensiones de cada día; para una separación; para quedarnos sin empleo; para una depresión; para convivir con la soledad y la vejez; para aceptar nuestros límites y fragilidades. En fin, para sostener la esperanza cuando todo parece perder sentido y para descubrir a Dios en medio de lo que no entendemos. Quizás por eso la misión tenga también que ver con aprender a HABITAR todo eso, desde la «selva» donde estamos y con las personas con quienes compartimos la vida.
En la misión en la Amazonia, también me pasa que a veces las realidades del día a día me superan y siento que no fui formada para responder a estos desafíos. Sin embargo, con los años he descubierto que la misión, y especialmente esta misión itinerante, comienza exactamente donde comencé hace diez años: no en la seguridad de quien domina la situación, sino en la disponibilidad de quien se hace presente y habita los momentos de alegría, compartiendo la vida con la gente, estando allí para escuchar, aprender y compartir la VIDA. Pero también para acompañarlos -acompañarnos- y habitar los momentos de tensión, tristeza, ruptura, dolor y enfermedad aun sin tener respuestas para muchas cosas.
Como me decía un obispo, “Marita, mientras más inseguros, mejor”. La gente, Dios que ya está presente en ellos antes de nuestra llegada, nos mostrará el camino. O como decía el P. Pedro Arrupe SJ, General de la Compañía de Jesús: “Nunca antes estuvo tan cerca el Señor como ahora, porque nunca estuvimos tan inseguros.”
Por eso, cuando no sé qué hacer, cuando siento que no fui formada para una situación concreta, me ayuda volver a aquella verdad sencilla que descubrí al llegar a la Amazonia: ESTAR, permanecer.
En este Mes de las Misiones, mi petición ya no es sólo “Permanece con nosotros, Señor”, sino que nosotros permanezcamos contigo, como María, también en las inseguridades de la vida en misión. Y como decía el P. Claudio Perani SJ, fundador del Equipo Itinerante: «No se preocupen por los resultados. El Espíritu nos irá mostrando el camino. Coraje. Comiencen por donde puedan.»
Desde mi corazón, unas grandes GRACIAS por sus oraciones, apoyo, cariño y compañía.
Les envío un fuerte abrazo. Seguimos unidos en la oración y la misión,
Marita Bosch (boschmarita @ hotmail. com)